Una de las películas más inclasificables del año. Un experimento del cineasta Michael Gracey (director de El gran Showman y productor de Rocketman) sobre la figura de la estrella del pop Robbie Williams, que arrancó como proyecto cinematográfico a partir de múltiples grabaciones de entrevistas que el director le hizo al cantante. No había ninguna intención original de hacer una película.
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Pero se hizo. El protagonista es el propio cantante… con apariencia de simio. Lo que vemos a continuación es un biopic nada convencional, aunque la esencia de la trayectoria vital de la estrella de la música está ahí.
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